En la década de los 90, surgieron dos conceptos que
empezaron a ser mencionados en los discursos públicos debido a que estaban
relacionados con el manejo del crecimiento urbano y la instrumentación del
desarrollo turístico: a) el impacto ambiental generado por tal desarrollo
económico y social y b) la sostenibilidad temporal de tal desarrollo. La importancia
de la aplicación global de estas dos mociones en los estudios avanzados de los
ecosistemas marinos y terrestres, creció como consecuencia de las persistentes
advertencias científicas de que la atmósfera de nuestro planeta estaba
calentándose debido a la intervención humana, es decir padeciendo el terrible
fenómeno conocido como efecto de invernadero con impactos sobre los glaciares,
los mares y el clima.
Las
proposiciones de impacto ambiental y sostenibilidad temporal implicaron la
participación activa de la ciencia en todas las escalas del desarrollo urbano y
de proyectos de alta tecnología. Y bajo las amenazas del cambo climático global
luego de la cumbre de Tokio, ya no había lugar para la improvisación y la
arbitrariedad en esos procesos de enorme impacto sobre los patrimonios natural
y cultural. El Estado mexicano se adhirió finalmente a la aplicación
institucional de los dos conceptos, y el
gobierno federal empezó a ponerlos en práctica en varias regiones a distintas
escalas. Últimamente, se ha incorporado también a algunas políticas públicas
otro requerimiento que, en nuestra opinión, esta implícito o es parte de los
dos primeros y que se conoce como riesgo ambiental.
Los temas de discusión a partir de los conceptos
señalados son apasionantes y dan lugar reflexiones mucho más amplias, pero
nuestro interés actual es menos altruista ya que se concentra en analizar si la
Península de Yucatán cuenta con la infraestructura y el repertorio científico
que permitan manejar los impactos ambientales, avanzar en términos de
sostenibilidad y reducir los riesgos ambientales, frente al explosivo
crecimiento urbano y el desarrollo turístico en la costa. Sin lugar a dudas, la
debilidad científica en nuestra región a pesar de los esfuerzos de la UNAM, el
Cinvestav, etcétera, sería determinante de la inoperancia cotidiana de estas
mociones frente a los problemas de sostenibilidad, especialmente a partir de
casos como los proyectos de infraestructura portuaria y los desarrollos
turísticos Premium.
- · Los Problemas de Sostenibilidad y la Situación Actual
En la costa de la Península de Yucatán, estamos
viviendo una etapa de crecimiento urbano desarrollo turístico sin precedentes
en nuestra historia moderna. Ello es bastante promisorio para nuestra gente más
necesitada y también para el avance económico en general. Sin embargo, debemos
admitir que a los científicos nos corresponde estar atentos de lo que ocurre en
la vida pública con nuestro patrimonio natural y nuestro legado cultural; no
deslumbrarnos con las obras de infraestructura portuaria y los servicios del
turismo Premium que ahora impulsan las autoridades, debido a que estos
proyectos tienen lugar en una región carente de leyes que impongan la
sostenibilidad a todos los niveles y bastante pobre en el suministro recursos
naturales. Una situación que además es causante de que la Península sea también
la más región vulnerable a las amenazas ambientales y sociales preconizadas por
los científicos.
Si
nos interesa sin cortapisas que el crecimiento urbano y el desarrollo turístico
puedan perpetuarse en Yucatán, Quintana Roo y Campeche, es decir que sean
sostenibles en términos ecológicos y sociales, nuestra preocupación científica
y política debe considerar las siguientes preguntas: 1) ¿estamos respondiendo a
los problemas inmediatos que se nos presentan con soluciones tácticas bien
intencionadas, pero carentes del requerimiento básico para vislumbrar las
consecuencias perjudiciales, es decir tenemos las bases científicas que
justifiquen la racionalidad de los procesos instrumentados? Y si ello fuera el
caso, 2) ¿la ciencia disponible en la región es capaz de lidiar con los daños
patrimoniales y los reclamos ciudadanos que ocasionan las iniciativas urbanas
de los gobiernos y los proyectos turísticos a corto, mediano y largo
plazo?
Hasta
la década de los 70, la vida económica y social en la Península era la típica
de una región agraria, relativamente aislada y bastante apacible a pesar de los
recursos naturales limitados, además de explotados de modo artesanal y con
mentalidad apegada a los recursos terrestres - a pesar corresponder a una
península rodeada por agua y con enormes potenciales marinos y costeros. Los
únicos desarrollos a nivel industrial eran los relacionados con el cultivo del
henequén, el corte de madera declinando en la Colonia Yucatán, y la extracción
de petróleo en aumento en la Sonda de Campeche. El impacto de la explotación de
hidrocarburos sobre los patrimonios natural y cultural asociados a este último
recurso natural no renovable, modificó radicalmente el tipo de vida económica y
social en Ciudad del Carmen. Y los desastres ocasionados hoy día por la
extracción petrolera en el Golfo de México, han sido letales para los
ecosistemas marinos y la biota de los mares y las costas. Muy poco o casi nada tenemos contemplado en
las leyes vigentes y en los programas de protección civil frente a ese tipo de
desgracias.
El
primer reconocimiento oficial del enorme potencial marítimo de la Península
inició una nueva era de cambios
económicos y sociales. Correspondió este
privilegio al desarrollo turístico costero de Cancún, cuyo impacto
socioeconómico a nivel global resultó
ser una pequeña muestra de su potencial turístico costero. Este modelo
turístico y urbano se transfirió en distintas escalas a todo el litoral costero
de la región a pesar de que -sin bases científicas y sin leyes que sancionaran
la pertinencia de los procesos impuestos a las comunidades mayas, al entorno
selvático y al subsuelo kárstico-, se
llevó cabo según los cánones de las obras portuarias y los servicios Premiun de
otras regiones de los Estados Unidos y de Europa. Muy poco pudo hacer entonces
la ciencia peninsular frente a los problemas de sostenibilidad, que actualmente
se han tornado críticos debido a la contaminación antropogénica en las costas y
el acuífero, agregada a la pérdida persistente de playas y la destrucción de
humedales y arrecifes debido a los fenómenos extremos y el ascenso del nivel
del mar.


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